Cuando alguien muere, el amor no se muere con él. Todo ese amor que le tenías se queda en ti: entero, sin destinatario, buscando qué hacer.
Mucho del dolor del duelo es exactamente eso: amor que ya no sabe a dónde ir. Las ganas de llamarle que no encuentran teléfono. El cariño de todos los días que se quedó sin su rutina.
Por eso no me gusta cuando se habla de "superar" la pérdida, como si el objetivo fuera dejar de sentir. El objetivo no es amar menos: es encontrarle nuevas formas y nuevos lugares a ese amor.
He visto a ese amor convertirse en muchas cosas. En cocinar la receta de mamá cada diciembre. En terminar el proyecto que dejó pendiente. En ayudar a otros que atraviesan lo mismo. En hablar de la persona con alegría, sin bajar la voz. Cada una de esas cosas es el mismo amor, con otra forma.
Encontrar nuevas formas de amar y de dar es de las cosas más bonitas del proceso. No pasa rápido y no pasa solo: a veces hay que buscarlo. Pero cuando encuentras a dónde va tu amor, el duelo empieza a pesar distinto.
¿Y el tuyo? ¿A dónde está yendo todo ese amor?